UNA VERDAD DEL AUTISMO

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UNA VERDAD DEL AUTISMO

 

El arte de escribir, le permite al autor poder cambiar los hechos, los tiempos, ¿qué fácil, verdad?, es decir, puedo cambiar los nombres, pero no sus rostros; puedo cambiar las fechas, pero no el afán del día a día de padres e hijos por un mejor mañana; puedo cambiar los lugares, pero no sus vidas; puedo cambiar los adjetivos con el que las personas los nombran, pero no puedo cambiar el estigma con el que maliciosamente la sociedad los señala.

 

Inagotables mis ideas, mis acciones y entusiasmo por lograr mejorar en cada momento los entornos sociales y personales de nuestros chicos y adultos en condición del espectro autista, así como la calidad de vida de sus familias que visitan el CENTRO 🌀INSPIRA, en donde, de forma conjunta ―acompañante y padres― buscamos generar una mejor experiencia de vida, aprendizajes y autonomía para sus hijos.

 

Parafraseando un poco al psicólogo Peruano, Ernesto Reaño, investigador y especialista en el tema de Autismo; frases que le dan nombre al  tema; refiere que los autistas no están hechos en serie, es decir, no son una reproducción automatizada e idéntica a otros, en la forma de percibir el mundo, en la manera de hablar o de no hacerlo, de caminar, de interactuar o no con su entorno, de sentir en la piel y en sus emociones, de mirar y observar, de oler y degustar, de moverse o de no hacerlo; pues no se trata de objetos, ni de materias primas, son seres humanos, cada uno con personalidad e identidad propia, pero que la sociedad se ha encargado de estigmatizar, al priorizar el accesorio (la salud o condición) por la inherente personalidad del ser humano.

 

            Reaño, refiere que: “…desde el paradigma de la neurodiversidad, comprendemos al autismo como una condición…”, si bien es cierto que, a través de su visión, también nos permite observar a quienes tenemos el gusto de leerlo, que esta condición, también es identidad, pues es a través de esta, que las personas con autismo perciben y digieren todos los estímulos que sus entornos les envían; por ello, precisa Reaño: “…No existen tratamientos para la identidad y si se conciben conducen a inmensos dolores e, incluso, a la muerte…”.

 

Coincido totalmente con lo que escribe Reaño: “…No existe un modelo de intervención específico ni genérico para el autismo. Tras aquello que asemeja a un autista con otro hay todo un espectro, historias, contextos, personalidades, temperamentos… situaciones que hacen que cada uno tenga destrezas y fortalezas distintas, así como necesidades de apoyo y deseos diferentes…”, no deberían buscar formas de intervenir, debemos saber cómo mejorar sus contextos, a fin de que cada persona con autismo se apropie de estos, en armonía con sus habilidades innatas, oportunidades y gustos; sin embargo, el enorme ego neurotípico de quienes nos creemos “normales” es tan arrogante, que buscamos por todos los medios ser nosotros quienes les digamos “qué hacer y cómo vivir”, en lugar de permitirles dejar que ellos decidan cómo hacerlo para buscar su propia felicidad.

 

El apoyo que se ofrece a la familia y en particular al alumno con autismo, no es en la condición del autismo propiamente dicho, este apoyo y los ajustes necesarios, deben realizarse específicamente en el entorno del alumno, como prioridad, considerando “…el perfil de las necesidades de apoyo de cada autista…”(1); enseguida, es importante que el “acompañante” -antes terapeuta- comprenda las individualidades de la personalidad del alumno, respecto a su espectro sensorial, su forma para comunicarse (verbal o NO verbal), sus habilidades sociales, entre otras, no menos importantes; pues no se puede juzgar “…una conducta autista sin un análisis detallado de sus motivaciones y reacciones en relación con contexto donde acaece…”.

 

Cabe mencionar, por así considerarlo pertinente, un breve fragmento de la epistemología de “La naturaleza humana” del filósofo Thomas Hobbes (s. XVIII), que nos describe con claridad la armoniosa relación que se produce entre nuestros sentidos y el contexto donde vivimos: “…en estas palabras del filósofo subyace la noción de una naturaleza humana individual, porque cada hombre emite un juicio particular y personal sobre el objeto; por esta razón, un mismo objeto para algunos hombres es frío y para otros sujetos es caluroso. Así, hay individuos que tienen concepciones particulares, que emiten juicios que los diferencian, pero al mismo tiempo se requiere de algo que los mantenga como unidad: (…) Por eso Hobbes dice: por nuestros diversos órganos tenemos distintas concepciones de las variadas cualidades en los objetos. Por la vista tenemos una concepción o imagen compuesta por color y figura, que es toda la observación y conocimiento que el objeto nos imparte a través del ojo acerca de su propia naturaleza. Por la audición tenemos una concepción llamada sonido que es todo el conocimiento con que contamos acerca de la cualidad del objeto a través del oído. Y así, el resto de los sentidos son también concepciones de diversas cualidades o naturalezas de sus objetos…”.

 

Lo anterior, da las bases sustentables para considerar que una persona con autismo, niño o adulto, nace con sus propias habilidades y estas se van viendo fortalecidas con las experiencias que el mismo individuo se genera por sí solo y no a través de terceros, cabe decirlo, estos niños, jóvenes y adultos, vienen preparados para enfrentarse a la vida, a sus ritmos, sus  frecuencias y sus tiempos; es decir, socializará cuando lo considere pertinente en forma inversamente proporcional al amor y atención que perciba, como único alimento a su persona, aunque, no debemos considerar esto como una regla, ni esperar que así suceda.

 

En conclusión, no se interviene una condición, mucho menos sobre la identidad; escribe Reaña: “…se intervienen los entornos, se interviene dando apoyos y ajustes, se interviene enseñando aquello que sea necesario. No se interviene al autismo, se acompaña a la persona autista en sus posibilidades y apoyando en sus desafíos. No hay una terapia pero hay una ética….”.

 

FUENTES:

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