LO INTENTÉ. LO CONSEGUÍ

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Lo intenté. Lo conseguí es la frase que pronunció William Kamkwamba en la conferencia organizada por la TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño) en Arusha en junio de 2007. Esa frase, supuso una nueva esperanza para el mundo, la ciencia, la educación, la salud, la política y la vida.  William Kamkwamba, un niño de Wimbe, localidad perteneciente a Malawi (África subsahariana), es una de esas historias que cambian todo. ¿Qué hizo? ¿Por qué es importante señalar su hazaña en estos tiempos donde la educación parece un oso perezoso?

            Un informe de la FAO (Food and Agriculture Organization) organismo perteneciente a las Naciones Unidas refiere que: “en África 28 millones de personas, de las cuales el 64% están en la región oriental del continente, siguen padeciendo una aguda escasez de alimentos”. Continúa más adelante: “En todos los países del África Oriental se requiere una ayuda alimentaria continua, así como en la región de los Grandes Lagos, en Angola, Guinea, Liberia y Sierra Leona”, dice el informe. Este contexto enmarca la vida de William Kamkwamba y su historia que se vio contada, primero en el documental Moving Windmills (Molinos de viento en movimiento, 2008), posteriormente en la película El niño que domó el viento (The boy Who harnessed the wind, 2019).

            Lo que narra la película es una historia que no dista mucho de la realidad que se vive en el continente africano y sirve de la misma manera, de parangón crítico a la realidad que viven otros países alrededor del mundo enmarcando problemáticas humanitarias, sociales y educativas.

            Cuando el agua que vemos contenida en un recipiente hace contacto con la tierra, se filtra y desaparece de nuestra vista, pero ese hecho no significa que ya no existe, se ha adherido a un nuevo proceso natural. La realidad de la vida sigue este patrón y es indisociable de todas las cosas. Por ejemplo, para mantenernos vivos, necesitamos respirar. Este primer proceso mecánico otorga posibilidades a nuestro organismo de sobrevivir. Pareciera algo simple, pero en realidad es sumamente complejo, todos los órganos involucrados en el funcionamiento correcto de nuestro cuerpo desarrollan funciones específicas, mismas que nos permiten ser un diseño único e insustituible en la evolución.  La vida es compleja y siempre se abre camino ante las adversidades mismas de la naturaleza.

 

            En estos tiempos, aún se me hace impensable que para acceder a la educación hay que pagar por ella, aunque esto no signifique que al hacerlo uno tendrá una mejor calidad educativa. Este es uno de los problemas que narra la película, sumado a otros de igual importancia como lo es la religión, las tradiciones, el hambre, la sequía, los conflictos sociales y políticos.

            Por mucho tiempo hemos dicho que la sociedad se ha convertido en una sociedad de espectadores, y es cierto, en eso nos hemos convertido. Hemos puesto nuestra vista en situaciones inverosímiles antes que solucionar las problemáticas que desconfiguran el mundo frente a la realidad que vivimos todos los días.

            A inicios del siglo XXI el mundo comenzó a dejar ver los estragos que la mano del hombre ha causado, con resultados irreparables. El continente africano siempre ha sido uno de los que ha visto su suerte del color de la noche. La película ya mencionada, narra eso y lo hace con precisión quirúrgica para mostrar las dificultades a las que hay que enfrentarse cuando no se tiene casi nada, salvo la esperanza.

            ¿Qué hacer cuando todo lo que uno desea no está a nuestro alcance? Pocas son las respuestas y quizás la más importante sea HAZLO TÚ MISMO. Pues bien, eso parece ser que fue lo que pasó por la cabeza del protagonista de esta historia. Lo soñó y lo consiguió.

            Los niños poseen una creatividad ilimitada y cuando una idea germina, difícilmente la abandonan ―y más, cuando es indispensable para la vida―, siempre buscan la manera de obtener lo que desean. Pero ¿cómo construir algo que modifique la realidad de la vida de los demás? Las consecuencias de vivir en la pobreza no son obstáculos para avanzar, lo son la confianza de los adultos en las ideas, sus ideas. Lo mismo sucede en el tema educativo, los docentes privan a los niños a que exploren sus capacidades intelectuales, físicas y creativas.

            Todo lo que narra la película es imposible hacerlo de lado, es una historia que ahonda en la reflexión para que nos sensibilicemos a buscar los errores de dichas situaciones. Es utópico pensar que las cosas van a cambiar. Todo lo que se señala ahí, sigue igual en África y en gran parte del mundo. El tema educativo es el tema relevante que, ante la problemática política y social, se combina con otras realidades, salta y nos estalla en la cara y nos muestra el verdadero rostro de África, rostro que prevalece en todas las sociedades modernas, el rostro de las desigualdades.

            Allá, es visible que, en ciertos niveles, el acceso a la educación es un concepto utilitario y económico, asimismo, humillante y muy retrógrado en el sentir pedagógico que profesan los docentes. Si eso no es suficiente, podría decir que es un sentir manifiesto arcaico donde podría sentenciar que el fin justifica los medios.

            En Latinoamérica no sufrimos esas vejaciones, pero hay otras que se equiparan y tienen la misma valía social, incluso son peores, la violencia, por ejemplo, un cáncer social que cada vez parece indestructible. Hoy que nos enfrentamos a una situación sanitaria global, es válido decir que APRENDER A APRENDER es la premisa más importante dentro de todos los diagnósticos educativos y que William Kamkwamba lo entendió muy bien: la educación autodidacta y la chispa de la creatividad le permitió salvarse a sí mismo, a su familia y a toda su comunidad.

            La pandemia nos ha alejado de manera abrupta de las aulas para adquirir colectivamente los conocimientos que el hombre ha generado, pero eso no significa que no podamos aprender de forma autónoma y con mayor eficacia. William Kamkwamba careció de oportunidades, el sí fue desplazado de ese derecho natural, pero supo contrarrestar las adversidades, lo hizo creyendo que, si lo podía soñar, lo podía hacer.

            Lo más simple, siempre es lo más complejo, y William Kamkwamba

lo sabía, por eso hizo suyo el principio de Lavoisier “La materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma”. Entendió que para modificar la realidad no hay que destruir, hay que transformar, recrear algo nuevo con las herramientas que se dispone.

            He dicho anteriormente que el tema educativo es el factor principal de esta película, lo es el tema político, mismo que parte de un trasfondo ambiental: estamos destruyendo nuestro planeta y con ello, la posibilidad de la supervivencia de nuestra especie. Quizá esta película sea un faro de luz para el continente africano, quizá, pero también tiene que ser una llave para cambiar la mentalidad de como vemos las cosas y el mundo. Nos estamos aniquilando en silencio. Nuestras acciones nos están cercando el camino de avanzar y pensamos que el mundo se va a renovar pasado el tiempo, pero eso no es correcto. La esterilidad del suelo que pisamos, en el que vivimos con lo que amamos es nuestra responsabilidad, me temo que, si no reflexionamos sobre lo que estamos haciendo, ni la educación y la ciencia nos podrán salvar de nuestro propio caos.

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