EDUCACIÓN VS POBREZA

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Es impensable que, mejorando la educación va a disminuir la pobreza, o, que haciéndole frente a la pobreza y contrarrestándola, la educación va a mejorar. Este dilema asimétrico que no se sostiene en nada es la peor de todas las apuestas para mejorar la infraestructura educativa, y, por consiguiente, la de carácter social. El actual gobierno que encabeza López Obrador, ha hecho visible y patente lo que señalo.

El gobierno populista de AMLO dijo que la pobreza en el país iba a disminuir en su primer año ―tengamos en cuenta que asumió de manera oficial el cargo el 1 de diciembre del 2018―pero este hecho es irrefutable: en el país hay tres millones 800 mil pobres más, dato que arroja el Coneval. Parece que el mantra de su campaña ―Primero los pobres―no ha funcionado de la manera en que fue planteado, ha sido eficiente, si, generando nuevos pobres a lo largo y ancho del territorio nacional. El que ya era pobre, es más pobre hoy.

Este slogan parece anunciarnos detrás del significado institucional lo siguiente, “mexicanos, vean la luz, el siguiente paso que demos juntos, será el abismo para algunos”. Hay claroscuros en la política de Estado y la desigualdad va en aumento. ¿Este gobierno es más de lo mismo? Eliminar el programa Prospera que se tenía en la anterior administración, ha sido uno de los errores más grandes de AMLO. Este programa inició con el nombre de Progresa en 1997 y atendía a más de 300 mil familias (integradas entre 3 y 6 personas cada una). En el 2018, Prospera tenía un impacto social del 18% y atendía rubros, tales como los educativos, de salud y alimenticios.

Con el actual gobierno y la reestructuración de los programas sociales, esto se perdió. Estos cambios han sido un caos, pareciera que quien diseñó los cambios lo hizo de manera superficial y no previó el impacto negativo. Lo único que sigue vigente en la actual administración es el apoyo del incentivo económico de becas, ahora con el nombre de Becas para el Bienestar Benito Juárez, ocupando el lugar del programa Prospera.   Es importante señalar que, en este programa social vigente, hay un retroceso enorme. Las becas que entregaba Prospera eran de un monto de 2 mil pesos mensuales. Actualmente, el monto que se entrega apenas alcanza los 800 pesos al mes. La reducción fue de un 60%, un recorte altísimo.

¿Mutilar los programas sociales es parte de las estrategias de la política de AMLO para combatir este rezago social? ¿Quitarle apoyo a los más pobres y dar cobertura a nuevos programas sociales es parte del universalismo que tanto vitorea el ejecutivo federal?

Se dijo que la transición de la vieja política de los gobiernos anteriores sería visible en cambios graduales, pero no ha sido así, todo lo que ha hecho la actual administración ha sido grotesco. Los nueve programas sociales vigentes del gobierno federal (Adultos mayores, Jóvenes Construyendo el Futuro, Becas para el Bienestar Benito Juárez, Sembrando Vida, Jóvenes Escribiendo el Futuro, Programa Nacional de Reconstrucción, Programa de Mejoramiento Urbano, Tandas para el Bienestar y Pensiones con Discapacidad Permanente) han sido, en definitiva, programas vacíos y de un impacto negativo por donde se le quiera ver.  Pero de todos estos programas, solo uno alcanza un nivel de perversión que es muy preocupante: El programa de Jóvenes construyendo el Futuro.

El otorgarles un incentivo a los jóvenes, es ponerlos en desventaja social por dos razones: la primera obedece a que los pone al margen de los estudios para cumplir una jornada laboral. Nadie sabe si les beneficiará en algo en un futuro inmediato el desempeñar estas labores. Quizá sí, quizá no. La segunda razón va en dirección a los años venideros. Estos jóvenes, marcando un contraste con el nombre del programa social, no van a construir nada. Carecer de estudios los va a marginar y ensancharán la brecha de desigualdad social.

¿Qué será de todos estos jóvenes al término de este sexenio? ¿Tendrán una oportunidad y serán parte del crecimiento económico del país? Quiero ser optimista y pensar que van a cambiar el rumbo de muchas cosas, que México se va a convertir en una economía sólida ante el mundo, pero eso es un sueño, no se puede pedir lo que no hay.

Los jóvenes de este programa social entrarán a un conflicto el cual ofrece una o dos alternativas para adaptarse: sumarse a los grupos criminales que operan en el país o migrar a los Estados Unidos. Cualquiera de los dos escenarios que se visualice con los matices que conlleva, es lacerante. Lo bonito de estos programas de la 4T, es que enfatizan con mucha algarabía los alcances que están teniendo y los resultados positivos, mas no se están dando cuenta del lastre que están creando. Este hecho se parece al cáncer, sabemos cuál es el problema y no hacemos nada por atenderlo. La etapa de diagnóstico ya pasó, el problema sigue creciendo y las consecuencias serán terribles.

Todos los programas de esta administración no obedecen a una planificación para mejorar la calidad de vida de los mexicanos, ni para hacerle frente a la pobreza, mucho menos a la educación, todo lo contrario. Detrás de estos temas sociales se ha estado maquilando la idea de permanencia en el poder, una muestra de ella fueron los resultados de las elecciones intermedias en el país, donde el partido político MORENA, estuvo de nueva cuenta en el gusto popular, que, sin escatimar, es el 72.8% de la población media de este país.

La educación mexicana requiere un cambio de actitud del gobierno federal, como parte de las relaciones que debe de mantener con la sociedad. Y lo debe de hacer pronto. Establecer de nueva cuenta esa unidad es indispensable, más ahora que es visible la fractura institucional. Se redujo el presupuesto en materia educativa, la calidad va de mal en peor, y no hablemos de la eficiencia, porque esa parece que es un mal sueño. En esta reducción presupuestal pareciera que nos asomamos a una transición de la educación a un modelo privatizador y me pregunto ¿valdría la pena ese hecho? Puede que sí, el estado se libraría de ese costo, pero pondría en el aire la calidad de los procesos educativos, donde ya no tendría un control regulatorio, además, esto daría paso a un enriquecimiento de sectores privilegiados.

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